El Movimiento Auténtico: la herencia de Mary Whitehouse

A Mary Whitehouse se la reconoce como una de las pioneras de la danzaterapia. Si bien fue bailarina profesional y profesora de danza contemporánea, atraída por la psicología junguiana, se formó como terapeuta.  Y a partir de ahí rompió moldes tanto en el campo de la danza como en el de la terapia.

Mary Whitehouse

Mary Whitehouse buscaba el alma de la danza y a la vez vivenciar los procesos psíquicos desde y en el cuerpo.  Que los movimientos en danza consiguieran conectarse a impulsos interiores y no quedaran presos de la forma externa o meramente estética.
Primeramente llamó a esta disciplina Movimiento en profundidad: su interés estaba en descubrir qué mueve a la persona desde adentro. En su búsqueda por habilitar un diálogo entre consciente e inconsciente se basó en la técnica de Imaginación Activa creada por Jung, extendiéndola para incluir el cuerpo, el movimiento y las sensaciones físicas, ya que el cuerpo es un comunicador de la verdad.

Una persona cierra los ojos dirigiendo la atención hacia su interior, espera, escucha y se mueve, siguiendo sus impulsos, en presencia de un testigo que está en quietud.  Se trata de un movimiento no dirigido que permite acceder a contenidos de diferentes niveles de complejidad, con un enorme potencial de profundización en el proceso personal, teniendo la posibilidad de rescatar e integrar aspectos olvidados o reprimidos de nuestro ser y del inconsciente colectivo.  Además, no agrega análisis, ni información externa, posibilitando así un verdadero encuentro con uno mismo.

Movimiento Auténtico es una disciplina con riquísimas posibilidades, en las tres vertientes: terapéutica, meditativa y artística.

Sobre nuestro taller:  Movimiento Auténtico que Katharina Conradi combina en una segunda parte, con Danza Contact-Improvisación, para hacerlo más completito.

 

El placer de la danza, el movimiento divino.

Últimamente no dejan de caer en mis manos artículos sobre los múltiples beneficios de la danza, no sólo a nivel físico o psicológico (ya sabemos que se queman calorías y nos hace sentirnos maravillosamente), sino también cerebrales:

Está más que aceptado científicamente que la música y el ritmo son el mejor ejercicio para que los diferentes sistemas cerebrales se armonicen y sean eficientes los unos con lo otros.  ¿Qué significa esto? que bailar mejora, por ejemplo, la memoria operativa, la planificación ejecutiva, la habilidad para realizar multitareas y la concentración. Además de que bailar pone en funcionamiento los mismos centros cerebrales que despiertan el placer del sexo o de una buena comida -aunque parezca un tópico, ¡es así!-.
Y por supuesto los «chorros» de adrenalina y serotonina que nuestros cuerpos generan al bailar, que nos llenan de vitalidad y buen humor.

¿Y la danza como aproximación a lo divino?
Las pinturas rupestres ya nos muestran a nuestros antepasados bailando. La danza aparece unida al hombre, prácticamente desde sus orígenes, con un carácter religioso, de manera colectiva y sin espectadores. El carácter religioso y ritual se ha mantenido hasta hoy, y paralelamente, desde la antigüedad se desarrolló la danza profana, por diversión y como arte.
Lo que está claro es que a lo largo de la historia la danza ha sido reflejo de cómo el humano ha vivido sus experiencias emocionales, espirituales, sociales e incluso religiosas.
¿Sabías que el rey David bailaba delante del Arca?
Y que en Grecia la danza formaba parte de los planes de educación?
Que en los primeros tiempos de la iglesia en Europa, el culto incluía la danza?
Y que Luis XIV, el Rey Sol, fue uno de los más grandes bailarines de su época? (además del creador de la primera Academia Real de la Danza)

En fin, ya lo decía Voltaire: «Déjennos leer y déjennos bailar, dos entretenimientos que nunca harán daño al mundo»